lunes, 29 de agosto de 2016

LA FORMICOFILIA: ¿UNA VARIANTE DE LA ZOOFILIA?






No es lo mismo, aunque lo parece.
Para el ojo inexperto, la Formicofilia podría parecer lo mismo que la zoofilia, pero no lo es, aunque un primer vistazo podría inducirnos a esa confusión.
Como siempre, el mundo de las parafilias (como todo lo relacionado con la psique humana) es algo fascinante y asombroso, aunque -para algunos- un poco perturbador.
Veamos. Esta es una parafilia muy poco comentada y estudiada, que aparenta ser una variante de la zoofilia. El formicofílico es una persona que obtiene placer sexual al tener contacto físico directo con animales pequeños en zonas erógenas del cuerpo, tales como clítoris, pene, pezones, ano, etc.
Los animales preferidos para tales contactos son insectos como las hormigas, aunque también podrían verse utilizados animales como abejas, mariposas, caracoles y, en general, cualquier bicho rastrero.
Es evidente que no puedes tener un contacto sexual con tales animales, no obstante el formicofílico obtiene el placer de la sensación que le produce el contacto con el insecto, la sensación de su andar por la piel sensible de ciertas partes del cuerpo (en ciertos casos, el placer parece derivarse de ser picado o herido por tales animales).
Los investigadores se han percatado que estos parafílicos generalmente gozan de fantasías en las cuales sus cuerpos son cubiertos totalmente de alimañas, reptando por cada zona erógena de forma frenética, incluso introduciéndose en regiones íntimas, algo que el resto de nosotros difícilmente podría asociaciar con el placer.


domingo, 28 de agosto de 2016

EL CONSULTORIO DE UN TERAPEUTA, ¿ES TAN IMPORTANTE?





El consultorio de aquella colega era, en verdad, decepcionante.

La oficina no tenía puerta de acceso por lo que las personas que esperaban afuera veían, e incluso escuchaban, lo que estaba pasando adentro. El color rosado chillón de las paredes adornadas con pésimos dibujos y letreros motivacionales no daba la apariencia de ser la oficina de una profesional. Encima de ello estaba el enorme escritorio de madera que separaba como un abismo insalvable a la terapeuta de su paciente.

En verdad, aquello no era culpa de mi colega.

La institución para la que trabajaba le había proporcionado el inmenso escritorio que nadie quería en su oficina, además de haber pintado las paredes con aquel color aberrante para tratar de hacerlo atractivo para los niños que llegaran a consulta. Eso, unido a que no habían puesto interés en brindarle una puerta al consultorio, hacía que mi colega tuviera que trabajar en un sitio inadecuado.

Sin embargo, ese consultorio no era nada comparado con el de cierto reconocido psiquiatra. Las paredes de color amarillento carecían totalmente de adorno excepto el aire acondicionado que llenaba la atmósfera de un vaho glaciar. En un rincón de la oficina se encontraba una camilla vieja que parecía la cama de un aparato de torturas, mientras que el paciente tenía que entrevistarse con el terapeuta sentado en una pésima e incómoda silla y separados ambos por un enclenque y decepcionante escritorio de metal.

¿En verdad se puede ayudar a alguien en consultorios como esos? ¿Cuál es la importancia del consultorio para el psicoterapeuta y para el paciente? ¿Cuáles son las pautas que los terapeutas deben tener en cuenta?



IMPORTANCIA DEL CONSULTORIO

Debo decir que este artículo no es, en ninguna manera, un tratado de certezas absolutas, sino una colección de consejos que han servido a muchos psicólogs y terapeutas noveles.

El consultorio es un elemento muy importante para el psicoterapeuta, quizás mucho más de lo que lo es para otros profesionales como médicos o abogados.

Aquellos, por ejemplo, sólo necesitan tener lo indispensable para realizar sus profesiones y no le dan valor a las sensaciones subjetivas que esto pueda causar en sus clientes, ya que ellos vienen a pagar un servicio objetivo que nada tiene que ver con establecer rapport o vivenciar un proceso terapéutico.

El abogado pone en su consultorio sus libros, archivos y diplomas. El médico pone también sus diplomas y ostenta sus aparatos médicos y dibujos del cuerpo humano. Sólo el psicólogo y el psiquiatra necesitan evaluar con mucha precisión qué tener y qué no tener en el espacio terapéutico, ya que un objeto de más o de menos podría impedir la terapia.

El consultorio de un psicólogo debe ser:


Un espacio dónde vivenciar una terapia sin interrupciones.

Un lugar que facilite la interacción entre terapeuta y paciente.

Un área segura dónde el paciente sabe que será aceptado y que tendrá posibilidad de desahogarse.

Un territorio para el autodescubrimiento espiritual y emocional.



¿EL SILLÓN O EL DIVÁN?


En la Psicoterapia clásica había un recurso indispensable en todos los consultorios: el diván.

El diván es un mueble parecido a un sillón en el que el paciente se recostaba y el terapeuta se sentaba fuera de la vista de éste para no interrumpir el proceso de asociación libre. Una vez que el paciente se recostaba comenzaba a hablar de lo primero que le viniera a la cabeza sin censurar nada. Se suponía, por lo tanto, que el diván ayudaba a la relajación del paciente.

Con el declive de la popularidad de la psicoterapia freudiana, los nuevos psicólogos humanistas decidieron que lo ideal era que paciente y terapeuta estuvieran frente a frente, sentados en sillones cómodos.

Ahora la pregunta que surge es: ¿Qué debo usar? ¿El diván o el sillón?

La respuesta para el terapeuta es: “lo que más te convenga”. Desde mi punto de vista, lo ideal es que el psicólogo tenga en su consultorio dos buenos sillones y un agradable diván. Pacientes que requieren una terapia de relajación, una técnica regresiva o una asociación libre se verán más cómodos en un diván. Los pacientes que necesitan charlar de sus experiencias y recibir terapia basada en la entrevista se verán mejor atendidos en los sillones. Si no tienes suficiente espacio o dinero para estos muebles puedes decidirte por aquel que corresponde a tu preferencia personal y a tu uso de técnicas terapéuticas.



¿ES CONVENIENTE TENER UN ESCRITORIO QUE NOS SEPARE DEL PACIENTE?


No. Simplemente no es conveniente.

El escritorio es muy útil para profesionales de otras carreras como los médicos, abogados, contadores, etc. Les permite tener una imagen profesional y darle una buena decoración a la oficina. Muchos terapeutas han copiado esta imagen de profesionalismo sin tomar en cuenta los aspectos negativos. El escritorio, aunque elegante, se convierte en una separación insalvable que impide generar confianza y establecer rapport con el paciente.

Por otro lado, es muy útil el escritorio para guardar cosas pero hay otros muebles menos negativos que son capaces de cumplir esa función.





OTRAS HERRAMIENTAS QUE NECESITAMOS EN LA CONSULTA


Aunque ya vimos que el escritorio que separa al terapeuta de su paciente no es conveniente si es necesario tener un mueble en el que podamos guardar diversas herramientas terapéuticas como los test psicológicos, además de otros materiales necesarios como hojas sueltas, lápices, borradores, etc. Por otro lado, hay terapeutas que usan libro-terapia (y necesitan tener libros dentro del consultorio) o guardan cuadernos limpios que obsequiar a sus pacientes y que sean usados como diarios.

Los terapeutas que trabajan con niños también necesitan guardar una variedad de juguetes, juegos de mesa, colores, plastilinas y otros materiales dentro del consultorio para usarlas de forma inmediata.

¿Se deben guardar los archivos de los pacientes dentro del mismo consultorio?

En los hospitales e instituciones eso no se hace. Hay un lugar específico para guardar los archivos fuera del consultorio. Por otro lado, si es un consultorio privado eso queda a discreción del psicoterapeuta.