domingo, 15 de enero de 2017

LA MANSIÓN DE LOS SECRETOS 7: "EL FIN"




Dedicado con gran respeto y cariño a todas las personas que prestaron su nombre para esta saga.
R.B.


***



Por la mañana, el equipo de psicólogas descendió del elegante vehículo que se estacionó frente a la entrada de El Palacio.

Dos elegantes y jóvenes mujeres descendieron de él. Una de ellas, era Yara Castillo, una mujer de piel blanca y elegante figura que se movía con la elegancia de una pantera. La otra era Joseling Rosales, una mujer alta, de rostro angelical y de mirada penetrante. Entraron por la puerta principal y atravesaron la sala común en dónde Jully Arauz, Noelia Pineda y Osiris Rostrán estaban barriendo.

-Perdón -dijo Yara, al notar que había metido un poco de polvo en sus tacones.

Noelia Pineda no le dijo nada, pero no pudo disimular el rostro de molestia.

Sin darle importancia, Josseling y Yara subieron las escaleras. Luego caminaron por el pasillo y entraron en la cuarta puerta a la izquierda, en donde Eyling Zarantes trataba de encender su laptop dañada.

-¿Leyeron los e-mail que les mandé? -les preguntó de inmediato.

-Sí -respondió Josseling-. Ya analizamos toda la información y creemos que tenemos a dos sospechosos.

-Eso mismo pensé yo -dijo Eyling-. No puede ser un solo atacante. Deben ser al menos dos. ¡Mientras uno trataba de ahorcarme en la sala, el otro estaba atacando a Ingrid y Annabell!... Es lógico.

-Entonces debe ser algún grupo de chicas que siempre están juntas -dijo Josseling-. ¡Como Tamara y Milena!

-¿Las rockeras? -dijo Yara-. Bueno, quizás sí, pero yo sospecho más de Noelia Pineda y Osiris Rostrán.

-¿En serio? -se sorprendió Ariel Escorcia, quien estaba sentado en una cama-. Pero si Noelia y Osiris no se meten con nadie…

-No lo creo -respondió Yara-. No olvides que ellas estaban con Ingrid antes de que la atacaran… Para mí, son sospechosas.

-Yo no creo que esas chicas hicieran nada -dijo Ariel-. Yo sospecho de Patricia Salinas y Jackeline Montenegro… ¡Esas chicas ocultan algo!

-Lo siento, pero no estoy de acuerdo -dijo Eyling-. Quizás Salinas tenga algo que ver… ¡pero yo creo que Jackeline es inocente!

Los cuatro se quedaron en silencio. La verdad es que, aunque tenían muchos sospechosos, no podían dar con los verdaderos atacantes.

-Es inútil -dijo Yara, rompiendo el silencio-. Jamás encontraremos a los responsables, a menos que sepamos cómo sacaban a las chicas de El Palacio.

Josseling se acercó a la ventana y contempló el bosque iluminado por los rayos dorados del sol. El paisaje era hermoso y sólo unas pocas nubes volaban por el cielo azul.

-Hay algo que no logro entender -dijo ella-. ¿Por qué atacaron a Eyling en la sala? Es decir: ellos atacaban a todas las chicas en sus cuartos, pero ¿por qué a ti te atacaron en la sala?

-Es verdad -dijo Yara-. No tiene sentido que te atacaran en la sala…

-Quizás no tenían planes de atacarme -dijo Eyling, pensativa-. ¡Quizás me atacaron porque les estorbaba!

-¿Estorbar para qué? -preguntó Ariel.

-Ellos iban a tratar de secuestrar a Ingrid, pero Eyling estaba en la sala -explicó Yara-. Eso significa que la salida estaba en la sala.

-¡Rayos! -gritó Eyling, poniéndose de pie rápidamente-. ¡El espejo!

Sin dar explicación de nada, salió del cuarto, atravesó el pasillo, bajó las escaleras y llegó a la sala. Revisó el espejo con ansiedad, tocándolo por todos lados. Aquel viejo espejo, estaba pegado a la pared, y aunque ella trató de halarlo con todas sus fuerzas no logró moverlo de su sitio.

Eyling sonrió: eso era lo que esperaba. Empezó a examinar la pared: era muy vieja, pero la habían pintado de blanco para que pareciera nueva.

Cuando los demás llegaron a la sala, ya Eyling había terminado su análisis.

-¡Siempre supe que este espejo tenía algo raro! -le dijo a sus compañeros.

Luego presionó algo dentro del marco de metal y el enorme espejo se abrió como una puerta dando un largo chirrido. Del otro lado había una caverna oscura que se hundía en la tierra.

-¡Apuesto mil pesos a que esa cueva lleva a la mina abandonada! -dijo Eyling.

-No puedo creerlo -dijo Ariel Escorcia-. ¿Eso estuvo ahí todo este tiempo?

-La tierra es roja -observó Josseling-. Definitivamente, por ahí se llevaban a las chicas.

-No sólo eso -dijo Eyling- ¡Creo que ya sé quién lo hizo todo!



***

Había tensión en aquella sala, cerca del mediodía.

Eyling Zarantes estaba de pie en el centro de la sala común. A su espalda estaba Gia Franklin y Graciela Zeledón, así como el detective Escorcia y las otras dos psicólogas.

Frente a ella estaban todas las sospechosas. Milena Nyu y Tamara Martí se habían sentado cerca de una ventana y charlaban entre ellas. Ossiris Rostrán y Noelia Pineda se apretaban las manos nerviosamente, mientras Patricia Salinas fingía no darle importancia a nada, revisando su teléfono.

Al otro lado de la puerta que daba al corredor se podía ver los rostros ansiosos de Valery López, Isa Somoza, Jully Arauz e Iris Castillo.

La profesora Graciela había llamado a estas cuatro chicas para que sirvieran como testigos, a la vez de que estuvieran listas para ayudar si algo pasaba.

Sin embargo, si alguien estaba realmente nerviosa era Jackeline Montenegro, quien no parecía poder estar quieta en el sofá en el que estaba sentada. Miraba a todas partes con ansiedad y se enrollaba el cabello con el dedo una y otra vez.

 -Gracias a todas por venir -dijo Eyling rompiendo el tenso silencio-. Estamos aquí para revelar, por fin, la identidad de los criminales que han estado rondando el Palacio. Este sitio se ha convertido en una especie de Mansión de los Secretos, pero todos los secretos terminan siendo revelados y hoy revelaremos éste... Por favor, detective Escorcia, arreste a….

Todo el mundo se quedó en total mudez para escuchar el nombre que Eyling Zarantes iba a decir:

-Arreste a… ¡Patricia Salinas!

-¿Qué? -gritó Salinas-. ¡Yo no hice nada!

-Siempre supe que eras tú -gritó Milena-. ¡Arréstenla!

Salinas miró a Eyling con los ojos húmedos y el rostro desencajado:

-Lo juro que yo no hice nada… Lo juro…

-Es verdad -dijo Eyling, con una gran sonrisa-. ¡Tú no lo hiciste!

El cuarto entero volvió a quedar en silencio.

-Lo siento mucho, Patricia -dijo Eyling-. Dije que eras tú sólo para ver la reacción de las demás: ¡Queríamos saber cómo iba a reaccionar el verdadero asesino al ver que acusábamos a otra persona!

Eyling tomó un poco de aire y luego continuó:

-La persona que hizo todo esto es un sociópata -dijo Eyling-. Es decir, es una persona que disfruta del dolor ajeno. La única manera de descubrir quién era el culpable era ver quién disfrutaba del sufrimiento de Patricia… ¡y ya la descubrimos!

-Así es -agregó la psicóloga Yara-. Una de ustedes no pudo disimular su sonrisa cuando Patricia fue acusada…

-¿Alguien sonrió? -dijo Jackeline Montenegro-. ¿Quién?

Eyling no respondió nada. Paseó la mirada por el salón ante la mirada expectante de todas las chicas. ¿A quién buscaba con la mirada? Por un momento parecía que iba a mirar a Milena Nyu, o a Ossiris Rostrán, incluso a Jackeline.

Todavía sin decir nada, dio unos pasos y se acercó a las chicas que miraban desde la puerta. Puso una mano en el hombro de una de ellas y exclamó:

-Ya basta de juegos, niña… ¡Estás arrestada!

Todo el mundo lanzó un suspiro de sorpresa. Aquello era increíble. La chica era… ¡Jully Arauz!

-Usted se equivoca -dijo Jully, con una sonrisa-. Yo no tuve nada que ver.

-Eso es lo que nos hiciste creer a todo el mundo -dijo Eyling-. Eras la niña tímida, que no se metía con nadie, que le hacía caso a todas. Siempre invisible para todas las miradas… Pudiste salirte con la tuya pero cometiste tres errores. El primer error lo hiciste ayer al dejar una huella de tu talla en el cuarto de Annabell Berríos. El segundo error lo cometiste hoy al pedirle a tus amigas que limpiaran la sala. Seguramente no querías dejar más rastros de tierra roja… Y tu tercer error fue sonreír hace un momento.

-Diablos -dijo Jully, sonriendo-. Nada se les escapa a las psicólogas, ¿eh?

-Ya basta de tonterías -replicó Eyling-. El juego se terminó.

-¡Aún no ha terminado! -rugió Jully, con un rostro ensombrecido.

Velozmente puso las manos sobre los hombros de Eyling y dio un poderoso empujón que hizo que ésta cayera de espaldas. Luego sacó un fino cuchillo plateado que tenía oculto detrás del pantalón. Todos contuvieron la respiración pensando que se arrojaría sobre la psicóloga para matarla, pero en lugar de eso comenzó a correr con los ojos encendidos en furia hacia Jackeline Montenegro.

Jackeline, aterrorizada, pensó en levantarse del sofá y huir, pero aquella chica era increíblemente rápida. Se le fue encima y la tiró al suelo. Por un momento, Jackeline vio el fino cuchilló bajando hacia su rostro y cerró los ojos pensando que iba a morir, pero la mano rápida de Ariel Escorcia interceptó el brazo de Jully e impidió que hiriera a Jackie.

Sin darle tiempo de hacer nada, Ariel desarmó a Jully y la estrelló contra el suelo, mientras le ponía las esposas.

-Demonios, chica -dijo Ariel-. ¡Sí que eres una especie de monstruo!

-¿Por qué? -dijo Jackeline, sin poder salir de su sorpresa-. ¿Por qué trataste de matarme? ¿Por qué hiciste todo esto? ¿POR QUÉ?

Jully sonrió de forma siniestra.

-Te odiamos, Jackeline -dijo ella-. Siempre te hemos odiado. Eres la niña perfecta, con vida perfecta, con calificaciones perfectas, a la que todo el mundo quiere… ¡No sabes el asco que nos das con tu maldita perfección!

Eyling se puso en pie y se acercó a Jully.

-Ahora dime: ¿dónde está tu cómplice? -dijo Eyling-. ¿Dónde está Bella Rojas?

-¿Bella? -dijo Milena-. Eso no es posible. ¡Bella y Jully no son amigas!

-Claro que lo son -dijo Eyling-. ¡Siempre estaban juntas, pero ustedes no se daban cuenta!

-Es verdad -dijo Patricia Salinas, con un rostro de miedo-. Recuerdo que cuando Jackeline despertó de una pesadilla, las que estaban cerca de ella eran Bella Rojas y Jully, aquí en la sala.

-Hoy también -dijo Jackeline, recordando-. ¡Cuando bajé de mi cuarto, Bella y Jully estaban aquí en la sala!

-Siempre trabajamos juntas, idiotas -dijo Jully-. ¡Pero ustedes, que se creen tan inteligentes, nunca lo vieron! Ahora Bella está en la mina terminando el juego.

-¿Terminando el juego? -preguntó Eyling-. ¿Acaso tienen más víctimas?

-Una niña llamada Dodania -dijo Jully-. Y la entrenadora Mara Liz Zavala… ¡Bella ya debió de haber matado ambas!

-Demonios -dijo Ariel-. Llamaré refuerzos… ¡Entraremos a esa mina!

-Voy contigo -dijo Eyling-. ¡Ya es hora de terminar todo esto!



***

Los refuerzos llegaron medio hora después. Era un pequeño ejército de  policías que entró en El Palacio, todos vestidos de negro y fuertemente armados.

-Escúchenme los jefes de equipos tácticos -dijo Ariel-. La mina abandonada tiene tres túneles principales. Vamos a tratar de cubrir los tres… ¿Dónde está Segovia Amador?

-Aquí -dijo una elegante mujer, de rostro encantador, a pesar de mostrarse muy seria.

-Amador lleva a tus hombres por el túnel uno… ¿Dalila Saenz?

-Sí, señor -dijo otra mujer de mirada intensa.

-Comanda el equipo táctico por el túnel tres.

Luego Escorcia miró a la oficial Yereling Galeano.

-Galeano, quédate aquí -le ordenó-. Si esa chica, Bella, regresa, trata de arrestarla, pero ten cuidado…

-¿Cuidado? -dijo Yereling-. Pero si sólo es una niña.

-No -gritó Eyling Zarantes-. No se dejen engañar: Por fuera, Bella Rojas, puede ser una niña de aspecto inocente… ¡Pero no la menosprecien! Bella Rojas y Jully Arauz son sociópatas y no les tiembla el pulso para matar a alguien… ¡Esa niña tan linda es muy peligrosa y tienen que tener mucho cuidado!

-Más claro no se puede decir -dijo Ariel, riendo-. Ahora yo iré a la entrada de la mina que está en el bosque. ¡Espero que podamos encontrar con vida a Dodania y a la entrenadora! Ya no hay más órdenes.  Corran, no tenemos tiempo que perder…




***

Mara Liz Zavala y Dodania Gonzalez estaban a punto de salir, por fin, de aquella horrible caverna. Habían corrido durante horas, dando vueltas a los túneles, y ahora la entrada estaba a pocos metros. Ya podían ver la luz del sol y sentir el aire del bosque refrescando sus caras.

De pronto, un disparo sonó en el aire.

Un trozo de pared brincó en pedazos con el fuerte estallido que produjo la bala, y una voz macabra sonó a sus espaldas:

-¡Quietas las dos! -dijo la voz.

Mara Liz y Dodania se dieron vuelta. Detrás de ellas estaba aquella figura negra con una máscara de bebé sonriente en la cara.

-Por favor -gritó Dodania-. Déjanos ir.

-Nadie se va de aquí -dijo la cosa.

-Si quieres matar a alguien -dijo Mara Liz-, mátame a mí. ¡Deja que esta niña vuelva con sus padres!

La figura emitió una carcajada grotesca. Luego llevó su mano enguantada hacia la máscara de bebé y la retiró. Los dorados rizos se desparramaron sobre sus hombros y Mara Liz pudo ver los ojos brillantes y el hermoso rostro de Bella Rojas.

-¿Bella? -dijo sorprendida-. ¿Eres tú?

Bella Rojas seguía riendo. Sin la máscara cubriéndole el rostro, su voz y su risa se escuchaban normales.

-¡Qué generosa eres, Mara Liz! -dijo, Bella, de forma burlona-. ¿En serio darás tu vida para salvar la de esta tonta?

Dudosamente Mara Liz asintió.

-Wow, eres toda una superhéroe -rio Bella-. Pero yo prefiero matarlas a las dos… ¡Eso me suena más divertido!

Luego sin decir nada más, levantó la pistola automática que tenía en la mano y apuntó hacia el rostro de Mara Liz.

-Lo siento, entrenadora -le dijo-. No es nada personal… ¡Sólo es un juego!

Mara Liz cerró los ojos con fuerza para no tener que ver la bala que saldría de aquella pistola y que le perforaría la frente.  Con el corazón acelerado apretó los puños y comenzó a orar en su mente, convencida de que nada podría salvarla. ¡Bum! El estallido de la pistola inundó toda la caverna, pero Mara Liz no sintió que ninguna bala la perforara… En su lugar, escuchó un alarido salvaje proveniente de Bella.

Mara Liz Zavala abrió los ojos y miró a la chica apoyada contra una pared, sosteniéndose un brazo ensangrentado, pero con el arma todavía colgada de su mano.

-Tira tu arma y ríndete -dijo el detective Escorcia, apareciendo por la entrada de la cueva-. ¡Tira tu arma ahora mismo o te volveré a disparar!

Bella se olvidó de Mara Liz y Dodania. Sonrió ampliamente mirando a Ariel y a Eyling en la entrada de la caverna y lanzó otra carcajada.

-La gran Eyling Zarantes -dijo Bella-. ¡Así que al final sí lograste descubrir el misterio de la mansión de los secretos! Bravo, te felicito psicóloga…

-Tira tu arma -dijo Eyling-. Pasarás toda tu vida en una cárcel, pero no necesitas morir aquí.

-A mí no me importa morir -dijo Bella-. ¡Aunque hay algo que siempre he querido hacer!

-¿Qué es? -preguntó Eyling.

-Ver la sangre de una psicóloga -dijo. Luego levantó su arma de nuevo y apuntó hacia Zarantes con una malévola sonrisa desfigurando su rostro perfecto...

No pudo disparar.

Ariel fue más rápido y su disparo dio justo en el antebrazo de la chica quien lanzó un agudo grito de dolor  y dejó caer su arma.

-Lo siento -dijo Ariel-. ¡Te quedarás con las ganas!



***

En los meses que pasaron, Gia Franklin cerró el proyecto de El Palacio en respeto a todas las personas que murieron y dio una fuerte compensación económica a las familias de las víctimas. Según se ha escuchado, desea reabrir El Palacio dentro de algunos años, cuando todos se hayan olvidado del terrible suceso que envolvió al primer proyecto.

Milena Nyu entró a estudiar en la universidad y empieza a destacar en el ambiente artístico.
Patricia Salinas dejó los estudios y abrió una cadena de tiendas que la han convertido en millonaria.
No se sabe mucho del resto de las chicas participantes de El Palacio.

La policía encontró a Hansell Berríos, Uriel Gutiérrez y Josafat Arancibia, un poco desnutridos, pero vivos en una de las jaulas de la mina abandonada. Actualmente, viven muy bien, cada uno por su lado. Mientras que Mara Liz Zavala ha decidido dedicarse al cuido de su hijo y a levantar una nueva empresa.

Ariel Escorcia, por su parte, fue promovido en las fuerzas policiales y Eyling Zarantes sigue apoyando al detective en algunos casos difíciles.

En cuanto a Jully Arauz y Bella Rojas, un juez inepto declaró que, por ser jóvenes, no debían ir a la cárcel. Se les condenó a tres años en un reformatorio juvenil del que se fugaron en menos de un mes. ¡Nadie sabe su paradero!

Jackeline Montenegro se casó, se mudó a otro país y actualmente está ocupada en grandes proyectos empresariales. Casi ya ha olvidado todas las terribles cosas que vivió, sin embargo, en ocasiones, aun se despierta a medianoche sintiendo que alguien la mira desde la oscuridad…



FIN

sábado, 14 de enero de 2017

LA MANSIÓN DE LOS SECRETOS. Capítulo 6: Las Máscaras Caen





Con el cuerpo lastimado y una linterna rota que apenas alumbraba, Mara Liz Zavala no perdía la esperanza de encontrar la salida a aquella profunda caverna en la que había caído.

El túnel era largo, oscuro y tortuoso.

Mara Liz necesitaba inclinarse para no golpear la cabeza en el techo y tenía que medir bien sus pasos para no meter el pie en alguno de los muchos agujeros que se abrían frente a ella, ni tropezar con las viejas vigas de madera que se atravesaban en su camino.

En medio de aquella tenebrosa soledad, el oído de Mara Liz empezaba a percibir extraños sonidos. En ocasiones le parecía percibir pasos lejanos, en otras creía escuchar voces remotas y tristes que parecían conversar en murmullos.

El corazón de Mara Liz se agitaba con esos sonidos.

Se imaginaba encontrándose con aquella cosa con máscara de bebé y un estremecimiento de terror recorría su cuerpo.

-Cálmate, Mara Liz -se decía a sí misma-. Vas a salir de aquí… Vas a encontrar la salida… Sólo mantente calmada, cálmate…

No supo cuánto tiempo caminó por ese túnel demoníaco. Quizás ya habían pasado un par de horas cuando la luz de la lámpara empezó a parpadear, amenazando con apagarse completamente. Asustada por la posibilidad de quedarse a oscuras comenzó a caminar cada vez más rápido hasta que se encontró con aquel sitio.

Era la misma cámara en la que habían visto el cadáver de Diana Salazar.

Para Mara Liz aquel era el último sitio en el que deseaba estar, sin embargo sabía que no iba a lograr nada si daba la vuelta. Dio un paso hacia adelante. El olor que impregnaba el ambiente era asqueroso, putrefacto. Mara Liz recordaba que el cadáver de Diana Salazar se estaba pudriendo en mitad del suelo, pero ahora el olor era aún más intenso que antes.

Mara Liz caminó hacia el centro de la sala.

A su izquierda estaba la pendiente que había escalado antes y que podía conducirle a la salida, pero a su derecha se abría otro túnel que conducía mucho más profundo en la caverna.

Ya Mara Liz estaba tomando el camino hacia la pendiente cuando volvió a escuchar el sonido de una persona llorando que parecía provenir del túnel. ¿Qué podía hacer? ¿Iba irse sin averiguar quién hacía ese sonido? Contra todo lo que le dictaba la lógica, tomó el camino hacia el túnel.

Avanzó unos metros en aquella oscuridad y pronto se encontró con aquellas escaleras que parecían subir hacia algún sitio.

Sin pensarlo dos veces, Mara Liz subió los escalones de piedra hasta aquella otra cámara que parecía ser una especie de prisión abandonada. Aquel era un sitio enorme y tétrico. Una luz tenue parecía provenir de algún lugar iluminando el piso de concreto, las viejas jaulas de hierro oxidado y los rústicos muebles cubiertos de polvo. ¿En dónde rayos estaba?

-¡Ayúdame! -dijo una voz.

Mara Liz se asustó tanto al escuchar aquello que por poco suelta la linterna.

-¿Quién eres? -preguntó.

-Aquí -dijo la voz-. Estoy aquí…

Mara Liz alumbró hacia el sitio en dónde había escuchado la voz. En una jaula de hierro estaba una chica joven, quizás adolescente. Estaba delgada y a pesar de tener todo el cuerpo cubierto de aquel polvo rojizo se veía muy bella. Mara Liz trató de reconocerla, pero no pudo hacerlo. No era una participante de El Palacio.

-¿Quién eres? -volvió a preguntar Mara Liz.

-Me llamo Dodania Gonzalez -explicó la chica-. No soy de El Palacio, yo vivo en el pueblo.

Mara Liz trató de romper el candado que sellaba la puerta de la jaula, pero no logró destruirlo.

-¿Cómo llegaste aquí? -inquirió Mara Liz.

-Me perdí en el bosque hace tres días -respondió Dodania-. “Ellos” me encontraron y me obligaron a venir aquí.

Mara Liz Zavala sintió un escalofrío cuando Dodania mencionó a “ellos”. ¿Entonces eran más de uno?

-¿Qué rayos es este lugar? -preguntó Mara mientras buscaba una roca para romper el candado.

-En la época de la guerra, los militares lo usaban para torturar a los guerrilleros -dijo Dodania-. Al menos eso decía mi abuela… Cuando la guerra terminó, los militares dejaron todo esto abandonado… ¡Ahora “ellos”, esos asesinos, lo están usando para matar personas!

Mara Liz tomó la mejor roca que encontró y empezó a golpear el candado con fuerza, tratando de destrozarlo.

-¿Has visto a unos hombres? -preguntó Mara Liz-. Eran mis compañeros de trabajo… Eran tres…

-Lo siento -gimió Dodania-. Vi a uno de esos enmascarados arrastrando un cuerpo… ¡Creo que los 
mataron!

Mara Liz se detuvo y llevó las manos a su cara. Dodania Gonzalez se quedó en silencio y esperó... ¡Comprendía que Mara Liz lloraba por sus amigos muertos!

-Tenemos que irnos -dijo, de pronto, Mara-. No dejemos que estos malditos se salgan con la suya.

Con la linterna alumbró hacia todas las direcciones hasta que dio con una vieja barra de metal oxidado que estaba tirada en el suelo. Lo tomó entre las manos y la puso en el candado. Luego cargó todo su cuerpo sobre la barra y la acción de aquella palanca improvisada lo hizo saltar por los aires. ¡Dodania estaba libre!

-Vámonos -dijo Mara Liz-. ¡Esos desgraciados van a volver pronto!





***

El Palacio se había convertido en una locura.

Durante la noche, aquellos enmascarados habían asustado a Annabell Berríos, habían atacado a Ingrid Picado e incluso habían tratado de asesinar a la psicóloga Eyling Zarantes. Eran noticias demasiado fuertes, y los rumores habían corrido por todos lados dejando a todas las chicas escandalizadas.

Jackeline Montenegro se levantó aquella mañana helada de enero y bajó por las escaleras sin saber lo que había pasado. A la primera que encontró en la sala común fue a Jully Arauz.

-¡Oye, intermedia! -le dijo-. ¿Sabes dónde está mi amiga Bella?

-Lo siento -dijo tímidamente, Jully-. ¡No lo sé!

-¡Aquí estoy! -dijo Bella Rojas, apareciendo de pronto.

Jackeline empujó a Jully, sin darle importancia a la mirada de molestia que la chica le lanzó, y caminó hacia Bella.

-¿Qué diablos está pasando? -preguntó.

-Todas las chicas quieren irse de El Palacio -dijo Bella.

-¿Irse? -preguntó Jackie-. ¿Por todo lo de anoche?

-Claro -respondió Bella-. Ayer atacaron a Annabell y a Indira, incluso atacaron a la psicóloga Eyling.

-Eso escuché -dijo Jackie-. Lo bueno es que esta vez no pudieron llevarse a nadie.

-Gracias a Dios por eso -respondió Bella-. Pero la pobre Indira Picado está en shock. La vi hace poco. ¡Pobrecilla, aún no deja de temblar!

Patricia Salinas apareció de pronto en la sala común. Llevaba un rostro de preocupación y el pelo despeinado por haber salido de prisa de su cuarto.

-¿Qué rayos hacen aquí? -les dijo-. ¿No deberían estar en el jardín?

-¿Por qué? -dijo Bella-. ¿Qué pasa en el jardín?

-Las novatas se enfrentan a Graciela y a Gia -dijo Patricia-. ¡Todas quieren irse de El Palacio!

-Eso no es posible -dijo Jackeline.

-Ven -dijo Patricia-. Míralo por ti misma.

Rápidamente las tres corrieron hacia el jardín y vieron el enorme grupo de chicas rodeando a la directora Graciela y a Gia Franklin. Era una multitud de jóvenes y cada una quería hablar al mismo tiempo.

-Queremos irnos -gritaba Iris Castillo-. No es justo que nos dejen aquí cuando hay tanta gente desaparecida.

-Es cierto -agregaba Isa Somoza-. ¡Todas están asustadas! ¡Queremos irnos a nuestras casas, con nuestras familias! ¡Por favor, déjennos ir!

-Es una tontería -gritó la directora Graciela Zeledón-. Por favor, cálmense. ¡Ya no hay nada de qué preocuparse!

-No es cierto -gritó una de las novatas, llamada Valery López-. Ayer atacaron a tres personas.

Valery era una chica de piel blanca y ojos de color incierto, que destacaba por su carácter firme y su gran liderazgo entre las novatas.

-Hay un asesino en este lugar -continuó Valery-. ¿Qué diablos esperan para dejarnos ir? ¿Acaso están esperando que nos maten a todas?

De inmediato, todas las chicas comenzaron a hablar al mismo tiempo, mientras la directora Graciela trataba inútilmente de callar a la multitud. Era obvio que todas estaban asustadas.

De pronto, Gia Franklin levantó la mano y el silencio se impuso de manera repentina. Todas se quedaron mudas, con los ojos clavados en ella.

-El Palacio era mi sueño -dijo Gia, con una voz de desaliento-. Al principio, pensé que a través de él podría enseñarles a otras chicas a realizar sus metas… ¡Pero alguien tomó mi sueño y lo convirtió en una pesadilla!

Se quedó un momento en silencio y luego continuó:

-Yo entiendo que todas están asustadas y quieren irse… Yo sólo les pido que esperen un poco más. Creo que el detective Escorcia y la psicóloga Eyling Zarantes pueden descubrir quién es el monstruo que está haciendo esto…

-No -insistió Iris Castillo- Queremos irnos ahora.

-Sí -apoyó Valery-. ¡Queremos irnos ya!

- Sólo les pido un día más -dijo Gia-. Si para mañana no hemos atrapado al que hizo esto, todas podrán irse a sus casas.

Las novatas se vieron unas a otras, confundidas. ¿Aceptarían esa propuesta?

-Por mí está bien -dijo Iris.

-Por mí, también -dijo Isa-. Siempre y cuando sólo sea un día.

Una a una, todas aceptaron la propuesta y se fueron dispersando. Al final, solo Graciela y Gia quedaron en el centro del jardín, todavía sin poder asimilar todo lo que había sucedido.

-¿En serio cree que en un solo día van a resolver este misterio? -preguntó Graciela a su jefa.

Gia Franklin lanzó un suspiro de duda.

-Eso espero -dijo-. ¡Si no lo hacen, el sueño de El Palacio se habrá destruido!


PROXIMAMENTE: CAPÍTULO FINAL